Casa y rutina

Pantallas y lenguaje infantil: qué puedes hacer

La pregunta útil no es si la pantalla es buena o mala. Es qué conversación dejó de ocurrir mientras estaba encendida, y qué puedes devolverle a tu hijo sin convertir el día en una pelea.

Retrato de Katia Domínguez, fonoaudióloga infantil en Chillán, en la guía «Pantallas y lenguaje infantil: qué puedes hacer»
Katia Domínguez, fonoaudióloga infantil en Chillán.

Casi todas las casas tienen una tele, un celular o una tablet. Usarlos no te convierte en un mal padre o una mala madre. El lenguaje, eso sí, se construye cuando alguien le habla a tu hijo, espera un poco y responde a lo que él intentó decir. Un video no hace esa espera. Por eso el exceso de pantalla pasiva preocupa: no porque «dañe el cerebro» de una forma que puedas medir en la cocina, sino porque ocupa minutos en los que podría haber turnos de conversación.

Esta guía no te pone un número mágico de minutos como si fuera un diagnóstico. Las orientaciones más citadas de pediatría van en la misma dirección. La Organización Mundial de la Salud sugiere no usar pantallas de forma sedentaria en el primer año y, entre los 2 y los 4 años, no pasar de una hora al día, y que menos es mejor. La Academia Americana de Pediatría, en su orientación sobre medios y niños pequeños, pide evitar las pantallas antes de los 18 meses salvo las videollamadas, y entre los 2 y los 5 años priorizar cerca de una hora de contenido de calidad visto con un adulto. Son referencias generales, no una orden clínica para tu hijo.

No todas las pantallas hacen lo mismo

Ayuda separar cuatro situaciones que en la casa se mezclan. La primera es el video que sigue solo: canciones, capítulos, aplicaciones que no necesitan a nadie. La segunda es la tele encendida «de fondo» mientras ustedes hacen otra cosa. La tercera es la videollamada con una persona real, que saluda y espera. La cuarta, y se nota menos, es tu propio celular mientras tu hijo te está hablando.

El video solo es el que más desplaza la conversación. La videollamada conserva algo del turno: hay una cara, una pausa, un «hola» que espera respuesta. Sigue siendo más pobre que estar en la misma pieza, porque el gesto se corta y el niño no puede mostrarte el juguete con la misma facilidad, pero no es lo mismo que dejar un capítulo corriendo. El celular del adulto es distinto: la pantalla es tuya, y aun así tu hijo aprende si vale la pena insistir cuando te habla y tú no levantas la vista.

Antes de los 2 años

En los dos primeros años tu hijo aprende palabras unidas a caras, manos y rutinas: la mamadera, el zapato, el perro de la vereda. Un video puede mostrar un perro, pero no mira hacia donde él mira ni ajusta la frase si él no entendió. Esa ajuste —repetir más lento, señalar, cambiar la palabra— es el corazón del lenguaje temprano.

Si usan videollamada con abuelos o con el otro padre, quédate al lado, acerca su cara a la cámara y ponle palabras a lo que él hace: «estás mostrando el auto». No le exijas que «salude bien». Si se va a los pocos minutos, es habitual: la atención a esa edad es corta. Cierra la llamada antes de que se transforme en forcejeo.

La tele de fondo, aunque él «no la esté viendo», igual compite. Tú hablas menos, él oye peor lo que dices y los dos se distraen con un cambio de imagen. En las comidas y en el mudador, apagarla suele rendir más que cualquier aplicación.

Entre los 2 y los 5 años

A esta edad ya puede sentarse un rato frente a un capítulo. El rato suma más si tú estás ahí una parte del tiempo. No hace falta comentar cada escena como una clase. Basta nombrar lo que le llamó la atención, pausar y dejarle un turno: «el niño se cayó… ¿y después?». Si no contesta, respondes tú y sigues. Interrogar («¿de qué color es?», «¿cómo se llama?») cansa y se parece poco a una conversación.

Cuando el capítulo termina, engancha una sola cosa con la vida real. Si vieron un perro, miren el perro de la cuadra o el dibujo de la heladera. Ese puente —de la pantalla a la pieza— es lo que el video no puede hacer solo. El resto de ideas para el día, sin convertir la casa en una sesión, está en la guía de estimulación del lenguaje en casa. Si prefieres un rato sin pantalla, la lectura compartida de cuentos suele calzar bien a esta edad.

Tu celular también entra en la cuenta

Muchos niños hablan poco justo cuando el adulto está mirando el teléfono. No es un reproche: los mensajes del jardín, la pega y la familia llegan a toda hora. Puedes elegir dos momentos cortos y predecibles en los que el celular queda boca abajo: la comida y los diez minutos de juego en el suelo. Si tienes que responder, dilo en voz alta: «voy a contestar y después seguimos con los autos». Tu hijo entiende mejor una pausa anunciada que una ausencia sin palabras.

Evita darle tu celular como primer recurso cada vez que hay que esperar. En la fila o en la micro, un objeto de la cartera, un dedo que cuenta los autos o una canción corta también llenan la espera. No tienes que hacerlo siempre. Si un día la pantalla salva el trayecto, el día no se arruinó. Mira la semana, no el minuto.

Qué observar si te preocupa el lenguaje

Bajar las pantallas es un cambio razonable. No es una prueba. Si después de un par de semanas de más cara a cara tu hijo sigue sin mirarte cuando lo llamas, entiende poco lo que le pides o casi no intenta comunicarse, la pantalla deja de ser la explicación principal. Esas dudas están mejor respondidas en las señales de alerta del lenguaje y el habla y en la página de un hijo que habla poco para su edad.

Tampoco sirve prometerte que «al quitar el celular va a hablar». Hay niños con poco uso de pantallas que igual necesitan apoyo, y niños que ven videos y conversan bien. Si quieres una mirada profesional en Chillán, parte por fonoaudiología infantil o por la estimulación del lenguaje. Lleva ejemplos: a qué hora suele haber pantalla, si tú estás al lado y qué pasa cuando está apagada.

Preguntas frecuentes

¿Las pantallas retrasan el lenguaje?▼

Una pantalla, por sí sola, no es un diagnóstico. Lo que sí ocurre es que el video pasivo ocupa el lugar de la conversación: tu hijo escucha menos frases dirigidas a él y practica menos turnos. Si además habla poco, no comprende o se frustra para comunicarse, la pantalla no alcanza como explicación para seguir esperando. Conviene evaluar.

¿La videollamada con los abuelos cuenta igual que un video?▼

No. En la videollamada hay una persona que saluda, espera y responde. Eso se parece más a una conversación que a un video que sigue solo. Igual es una versión reducida: se pierde parte del gesto y del contexto. Sirve para mantener el vínculo, sobre todo con familia que está lejos, y no reemplaza el rato cara a cara del día.

¿Sirve un video «educativo» si lo ve solo?▼

El cartel de educativo no convierte el video en una conversación. Si lo ven juntos y tú nombras lo que aparece, pausas y lo relacionas con algo de la casa, el rato puede sumar. Si lo dejas solo para que «aprenda palabras», casi todo el trabajo lo hace la pantalla y muy poco lo hace él.

¿Bajaste las pantallas y la duda sigue?

Si tu hijo habla poco, no responde a su nombre o el jardín lo comentó, una evaluación aclara si hace falta apoyo. No tienes que llegar con la culpa resuelta.

WhatsApp 9 9549 7838. Horario de atención: lunes a viernes, de 10:00 a 18:00. La dirección se coordina por mensaje.

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